El ciclo de Kolb y los estilos de aprendizaje: cómo generar cambios duraderos en las conductas

David A. Kolb, profesor de Psicología Social en la Universidad de Harvard, introdujo hace años el concepto de ‘experiential learning’, un método donde el conocimiento se desarrolla a través de la observación y la transformación de la experiencia. Hoy es una referencia para todas las actividades de formación.

En los programas de liderazgo de Esade estamos trabajando con este enfoque y el resultado en la experiencia educativa es realmente gratificante, además de generar cambios duraderos en las conductas. En contextos particularmente competitivos, donde el espíritu de equipo y la pertenencia al mismo en términos de colaboración y empatía son más escasos de lo que debieran, se hace necesario recuperar o educar a la dimensión coral: el ciclo de Kolb es una excelente herramienta para lograrlo.

El modelo de Kolb puede usarse para describir tanto los procesos de aprendizaje como los procedimientos de conocimiento y formación en contextos organizacionales. Tiene que ver con cómo procesamos las experiencias y les damos sentido. El aprendizaje se convierte en un proceso continuo de transformación de la experiencia, y el conocimiento, en el resultado de la combinación de dos actividades, dialécticamente relacionadas:

  • PERCEPCIÓN: para comprender la experiencia, ya sea experiencia concreta o conceptualización abstracta;
  • PROCESAMIENTO: para transformar la experiencia, ya sea observación reflexiva o experimentación activa.

Generalmente, todos tendemos a desarrollarnos en uno de los polos de cada dimensión del aprendizaje (sintiendo/pensando o observando/haciendo). Por ejemplo, frente a una nueva tecnología, hay quien abre y prueba el dispositivo, y quien lee el manual. Existen por tanto ante situaciones concretas perfiles que:

  • Prefieren involucrarse en las situaciones para aprender de ellas. Estos aprenden cuando aportan, actuando o comprenden haciendo.
  • Prefieren pensar, tener tiempo, examinando racionalmente la información. Estos aprenden observando a los demás.

Nuestro cerebro adquiere conceptos, nociones y relaciones mucho más rápido si es empujado a ponerlos en práctica, si los vive en primera persona. De hecho, la participación física y emocional facilita la atención y la memoria. Esta es la base sobre la cual se ha desarrollado el aprendizaje experiencial, que pasa a través de cuatro fases secuenciales dentro de un proceso circular.

  • EXPERIENCIA CONCRETA: captamos información. Percibimos sintiendo.
  • OBSERVACIÓN REFLEXIVA: obtenemos conexiones entre lo que hicimos y los resultados. Procesamos observando.
  • CONCEPTUALIZACIÓN ABSTRACTA: trasladamos esos resultados a diferentes situaciones, inferencias. Percibimos pensando.
  • EXPERIMENTACIÓN ACTIVA: lo llevamos a la práctica. Procesamos haciendo.

Cada etapa genera una forma particular de conocimiento, identifica una habilidad/predisposición y un estadio del proceso de aprendizaje.

En la etapa de las experiencias concretas, la atención se centra en la participación directa y personal. Esta actitud involucra la esfera emocional y la interpretación de la experiencia tiende a resaltar su singularidad y su complejidad, en lugar de producir una teoría general. Las experiencias personales son las que nos permiten incorporar nuevos aprendizajes, experimentar nuevas formas de hacer, pensar y salir de nuestra zona de confort. A través de las experiencias podemos adaptarnos y cambiar desde hábitos sencillos, aprender de nuestras áreas de mejora y de nuestras fortalezas. Es el primer paso para generar un cambio real en la conducta. Durante la formación, las actividades que favorecen esta etapa son las de laboratorio, el trabajo de campo, los ejemplos, las simulaciones, los juegos de rol y, en general, todas las actividades que recuerdan la concreción y la aplicación.

Durante la fase de observación reflexiva, el aprendizaje se centra en comprender los significados a través de la escucha, la comparación y la observación imparcial. Es la etapa donde se generan alternativas y se dibujan pros y contras. Por lo tanto, la calidad del análisis y su fiabilidad adquieren mucha importancia. En la formación, las herramientas que mejor facilitan esta fase son las clases, las lecturas especializadas, las referencias de expertos, el debate, los casos de estudio.

En la etapa de conceptualización abstracta, el aprendizaje se centra en la organización lógica de los contenidos y la posibilidad de identificar reglas y dinámicas de procesos, aplicables de manera generalizada. Es el momento de planificar y definir las estrategias para buscar el éxito. Una vez identificadas las características de la experiencia, hay que definir qué hacer diferente la próxima vez. Así, se elaboran teorías y demostraciones abstractas a través del análisis, la identificación de los conceptos clave, de los vínculos de causa y efecto. Las herramientas de formación son clases, artículos, modelos, representaciones gráficas y diagramas.

Finalmente, la experimentación activa se centra en la búsqueda de opciones para el cambio y la evolución. Es el momento de reaprender. La acción y las posibles aplicaciones están dirigidas a un objetivo funcional. Las simulaciones, el trabajo en equipo, los laboratorios son indicados para favorecer esta etapa de aprendizaje.

Los estilos de aprendizaje

El aprendizaje efectivo y completo involucra las cuatro fases del proceso y no es importante el orden. De hecho, es posible comenzar desde cualquier punto del ciclo, y cada etapa necesita diferentes habilidades para desarrollarse de la mejor manera. La mayoría de las personas tendemos a un estilo de aprendizaje y aprendemos en procesos estructurados y organizados.

Una inclinación o predisposición mayor o menor hacia cada una de ellas determina un estilo diferente de aprendizaje. Kolb identifica cuatro estilos básicos, a partir de los cuales se determina el estilo de aprendizaje individual, que es una combinación de los cuatro.

ESTILO ACOMODADOR: Este perfil prefiere la experiencia concreta y es capaz de adaptarse intuitivamente a las situaciones. En cambio, muestra dificultad para decodificar a posteriori los procesos que él mismo ha activado. Fuertemente orientado a resultados, su enfoque se dirige a las consecuencias de sus acciones. Es ‘hacedor’, y de los que más tienden a asumir riesgos. No le importa cambiar de planes para adaptarse a la información, generalmente usa el ensayo-error. Por lo general, se inclina a asumir responsabilidades y actuar por objetivos le estimula. Dispuesto a sacrificar la eficiencia de una solución para optimizar el resultado.

ESTILO DIVERGENTE: Prefiere observar antes que actuar. Su procesamiento es inductivo y suele ser emocional y creativo. Está interesado en las personas e invierte mucho en el nivel relacional y emocional. Siempre en búsqueda de nuevas ideas y significados, generalmente tiene intereses variados e interdisciplinarios. Muestra una cierta facilidad para salir de la caja y necesita diálogo y la generación de ideas alternativas.

ESTILO CONVERGENTE: Adopta estrategias opuestas a las del divergente. Desarrolla habilidades en la aplicación práctica de ideas. Orientado a la acción, tiende a poner en práctica las ideas lo más rápido posible. Este estilo es ‘convergente’ porque responde al perfil de una persona que se siente cómoda en aquellas situaciones en las que se converge hacia una sola opción (o un número limitado de opciones). Un debate demasiado largo y con muchas variables le impacienta. Es un perfil eficiente en operaciones que aprende por ensayo y error y, en consecuencia, prefiere un entorno que favorezca la experimentación y no penalice los errores.

ESTILO ASIMILATIVO: Opuesto al acomodador. Es hábil en la sistematización de conceptos y en el desarrollo de modelos teóricos construidos a través del razonamiento inductivo. Disfruta con planificación e investigación. Asimila el conocimiento mediante la recopilación de datos e información. Es objetivo, racional y lógico. Muestra una fuerte orientación hacia la tarea y una baja orientación hacia la relación. Su discurso es lógico y racional. Identifica al experto como figura de referencia para su aprendizaje.

En 2017, Kolb actualizó sus estudios, con la colaboración de la coach para altos ejecutivos Kay Peterson. A partir de sus 4 estilos básicos, Kolb ha definido 9 nuevos estilos. En este caso, los estilos se identifican en función de la acción / predisposición de cada uno en el momento en que se encuentra aprendiendo algo.

Los nueve estilos son:

  • initiating (iniciático)
  • acting (activo)
  • deciding (decisional)
  • experiencing (experiencial)
  • balancing (equilibrado)
  • thinking (pensativo)
  • imagining (imaginativo)
  • reflecting (reflexivo)
  • analyzing (analítico)

En los vértices de esta nueva cuadrícula de nueve estilos, podríamos colocar el Estilo Acomodador en la parte superior izquierda y en el vértice inferior izquierdo el Estilo Convergente.

En la parte superior derecha colocaremos el Estilo Divergente y en la parte inferior derecha el Estilo Asimilativo. El estilo equilibrado es el punto de intersección entre los diversos estilos.

El ciclo de Kolb resulta útil porque favorece el aprendizaje haciendo y haciéndolo juntos. De esta forma, los participantes regulan su impaciencia, aprenden a escuchar y respetar los tiempos de exposición de sus compañeros, a apreciar su punto de vista creativo y a encontrar formas de crear sintetizando y armonizando todo como en una orquesta.

El aprendizaje experiencial es una excelente herramienta para cerrar la distancia entre el contenido de los programas de desarrollo ejecutivo y las reales necesidades empresariales actuales, donde, en cuanto a liderazgo, el ‘nosotros’ debe prevalecer sobre el ‘yo’, y la adaptabilidad al cambio es clave para el éxito.