¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Si nos fijamos en los talent show de la televisión o simplemente si preguntamos su opinión a la gente, generalmente las creencias más arraigadas sobre el talento son las siguientes:

  • El talento o se tiene o no se tiene
  • La oportunidad de demostrar el talento pasa una vez en la vida
  • El talento debe ser descubierto a una edad temprana, de lo contrario es demasiado tarde
  • El éxito sólo está al alcance de aquellos con talento

El talento, en cambio, es en gran medida una elección. Todos tenemos una misión que cumplir durante nuestra existencia: la de convertirnos en lo que podemos llegar a ser. Se denomina autorrealización y representa la necesidad más noble del ser humano, que puede satisfacerse al realizar sueños y expectativas gracias a la plena expresión del talento.

Descubrir nuestro talento a través del crecimiento personal nos permite cultivar lo que realmente nos interesa y por lo cual vinimos al mundo. Nuestro porqué, del que también hablamos en un post anterior. En este proceso, la fuerza de voluntad, el compromiso y la perseverancia cuentan tanto o incluso más que el talento en sí. Si a los deportistas de todas las disciplinas les preguntamos qué les llevó a lograr grandes resultados, mencionarán exactamente estos elementos.

Podemos decir que el talento es una cualidad particular que llevamos con nosotros desde el nacimiento, una actitud, una inclinación que nos hace ‘naturalmente’ buenos en algo, mientras que la capacidad se adquiere con el tiempo gracias a las experiencias que conseguimos. Nos permite implementar ciertos comportamientos y lograr ciertos resultados.

El desarrollo de las capacidades sin duda es favorecido por nuestra predisposición genética, pero nuestro cerebro es tan plástico que potencialmente podemos aprender cualquier cosa. El talento representa una forma privilegiada de desarrollo, un potencial por descubrir y aumentar a través del compromiso y el entrenamiento, para luego transformarlo en capacidad y, por lo tanto, en competencia.

Descubrir las cualidades innatas de uno no siempre es fácil, pero es un esfuerzo que vale la pena emprender. Es la única manera, o la más efectiva, para resaltar nuestro mejor lado, transformarlo en habilidades concretas con las que marcar la diferencia en cada ámbito. A este respecto, los ‘falsos deseos’ son un obstáculo insidioso que se debe superar.

Éstos son las aspiraciones y los objetivos que creemos que nos pertenecen, aunque en realidad es que son el resultado de un condicionamiento externo. No son nuestro porqué, sino el de otra entidad: familia, sociedad o cualquier otro sujeto ajeno. Reconocer el falso deseo es un primer paso muy importante para así identificar el deseo más auténtico.

Obviamente, es inevitable que la dimensión de la comunidad, el hecho de vivir en relación con otras personas tenga consecuencias sobre nuestro porqué. Pero las influencias externas pueden ser positivas cuando se convierten en un estímulo para alcanzar un bien común superior.

Hay que aspirar a contribuir y tener un impacto en la sociedad de la que formamos parte. Debemos ser sujetos y no objetos. Conocer nuestro porqué no es la única forma de tener éxito, pero sí de lograr un éxito duradero. Cuando nuestro porqué se ofusca, es mucho más difícil mantener el crecimiento. Cuando eso pasa, en lugar de preguntarnos “¿Qué debemos hacer?”, deberíamos preguntarnos: ¿Por qué empezamos a hacer lo que hacemos? Y luego, “¿qué podemos hacer para lograr nuestro ideal?”

Perseverar en la propia misión-pasión puede llegar a ser muy agotador. Ojos que duelen, vacaciones anuladas, peleas con familiares y amigos, fracasos, penas, decepciones, dificultades económicas. ¿Por qué seguimos haciéndolo? Generalmente, no sabemos la respuesta. Regresamos a casa cansados, llenos de quejas y nos preguntamos: “¿Quién me mando hacerlo?”. No obstante, hay algo más fuerte que las penas y que nos obliga a seguir.

El coach estadounidense Tony Robbins, en su famoso TED “¿Por qué hacemos lo que hacemos?”, sostiene que todos estamos motivados por seis necesidades básicas.

  1. La necesidad de certeza / seguridad: La certeza de contar con todo lo que nos hace sentir seguros: salario, relación, hogar
  2. La necesidad de variedad: Demasiada estabilidad puede causar aburrimiento, lo que produce un contraste muy fuerte entre dos necesidades opuestas. Difícil encontrar un equilibrio. Hay quienes eligen el voluntariado después del trabajo, pero también los que se abandonan al juego o se aventuran en una relación extramatrimonial
  3. La necesidad de identidad / importancia: Cada persona necesita sentirse importante. Esto puede chocar con la necesidad de estabilidad y seguridad, porque un trabajo seguro con poca responsabilidad podría ser muy insatisfactorio y viceversa. También en este caso los comportamientos pueden ser virtuosos o muy negativos
  4. La necesidad de conexión / amor: El contacto con otros seres humanos, pasión, comprensión, afecto, empatía, calidez, ternura: aquellos que niegan necesitar estas cosas se mienten a sí mismos
  5. La necesidad de crecimiento: Todos necesitamos crecer: emocionalmente, mentalmente, espiritualmente. Es parte de nuestra naturaleza, tanto psicológica como física. Sentirse bloqueados puede causar un abatimiento moral difícilmente sostenible
  6. La necesidad de contribución: Necesitamos sentir que dejaremos un legado de algún tipo: intelectual, económico o espiritual. El orgullo que tenemos al ver que nuestros hijos se convierten en buenas personas depende de la contribución en su crecimiento que nos atribuimos. Este es sin duda uno de los objetivos más importantes para los seres humanos.

Según Robbins, todos evalúan sus necesidades con un criterio diferente y todos tratan de satisfacer al menos dos de estas exigencias de manera predominante. Aprender a conocer las necesidades primarias de las personas es la única manera de entender sus elecciones y saber cómo interactuar con ellos.

De la misma manera, entender cuáles son nuestras necesidades, y en qué orden las ponemos, nos ayuda a identificar nuestro porqué y a gestionar mejor nuestras elecciones, evitando comportamientos dañinos o incluso peligrosos.

Para lograr el éxito y la autorrealizacción es necesario conocerse y rodearse de personas que no solo hacen lo que se debe hacer, sino que creen en lo mismo que nosotros y saben por qué hacen lo que hacen en un mecanismo de confianza compartida. Después de todo, el Reverendo Martin Luther King dijo “Tengo un sueño”, y no “Tengo un plan”.