El viaje de la heroína: si ganan ellas, ganamos todos

En un post anterior hablamos del viaje del héroe, ese camino casi obligatorio que permite superar desafíos y enfrentarse al mundo exterior para conquistar una nueva autoconsciencia. Si hay un viaje del héroe, ¿puede haber un viaje de la heroína? Según Maureen Murdock, psicóloga y estudiosa de narratología, no solo existe, sino que es completamente diferente.

Para el hombre, el modelo de viaje es el diseñado por Joseph Campbell: el héroe tras pasar por varias pruebas regresa a su vida cotidiana, cambiado y mejorado. En este tipo de esquema, la mujer a menudo es la meta a alcanzar, la princesa a salvar. Como mucho, tiene el papel de mentora, la que ayuda al héroe a llevar a cabo su viaje.

El viaje del héroe cuenta la experiencia de convertirse en lo que uno es, a partir del abandono progresivo de su viejo ser, una operación que ocupa la mitad del recorrido. Siendo la otra mitad dedicada a la construcción y afirmación del nuevo ser. En esencia, hay partes de su carácter que el héroe deja atrás y nuevas partes que adquiere en el camino.

El viaje de la heroína, en cambio, es más parecido a un viaje interior, en el que la mujer forma su identidad individual y social. Si el viaje iniciático del héroe masculino es un descubrimiento, el femenino es un re-descubrimiento y no la búsqueda de algo nuevo en lo que convertirse. La heroína avanza hacia algo que ya ha sido, y todavía es en esencia, pero que ha olvidado o ha tenido que esconder.

Murdock ha imaginado un viaje articulado en diez etapas, no necesariamente secuenciales, organizadas en un ‘círculo sagrado’. El comienzo del viaje está marcado por la separación de lo femenino, la Madre, es decir, todo en lo que la heroína no quiere convertirse. Ese abandono produce una identificación con el Padre, lo masculino. Al ingresar al mundo masculino y enfrentándose a innumerables pruebas, la heroína finalmente comprende que ha llegado el momento de ser en lugar de hacer.

Cuando decide desafiar a las convenciones y no jugar más según las reglas patriarcales, ella tiene ante sí una hoja en blanco, llena de oportunidades, donde se asoma el vértigo de la distruption. Empieza así un viaje que puede ser largo, lleno de trampas y tentaciones de abandono, pero que es necesario para redescubrir la propia esencia. Es el viaje de regreso al lado femenino, la fase en la que recuperar las partes removidas del propio ser.

“Cuando una mujer reduce el énfasis en la búsqueda heroica exterior en favor de su propia definición, es libre de explorar sus imágenes y su voz, escribe Murdock. Después de haber deseado ardientemente perder su lado femenino para fusionarse con lo masculino y haber logrado este resultado, la heroína comprende que ésta no es la respuesta ni el destino de su viaje. La mujer no debe renunciar a lo que ha aprendido durante su búsqueda heroica, pero debe comprender que esos éxitos y esas habilidades logradas con dificultad son sólo parte del viaje.

Con esta nueva seguridad, la heroína es finalmente un ser independiente, pero capaz, como ser completo que es, de unirse a los demás para aportar su contribución a la comunidad. “En esta fase de nuestra cultura, las mujeres deben llevar a cabo una búsqueda para abrazar completamente su naturaleza, aprender a apreciarse a sí mismas y sanar la profunda herida del género femenino. Es un viaje interior muy importante hacia la transformación en un ser humano completo y equilibrado”, explica Maureen Murdock.

Tradicionalmente, nuestra cultura ha otorgado el control al hombre, afortunadamente, sin embargo, vivimos en una época en la que esta forma de pensar está a punto de alcanzar sus limites si no lo ha hecho ya. Toda nuestra sociedad, cada uno de nosotros, hombres y mujeres, debemos acompañar a la heroína en su viaje. Es una prioridad de todos para alcanzar objetivos que también son de todos.

Ahora estamos inmersos en una interesante fase de transición. Por ejemplo, dos mujeres presidirán la Comisión Europea y el BCE. Está claro que aún necesitamos a muchas más mujeres en los consejos de administración de las empresas, y en los lugares de mando y responsabilidad, para activar de forma profunda y definitiva el cambio necesario, tanto en la economía como en la política. La cual, desafortunadamente, tiende cada vez más a mantener una actitud reactiva y defensiva, seguidora del electorado, en lugar de actuar con proactividad, desafiarlo y guiarlo.

Obviamente, la diferencia la marcan las personas y también las organizaciones en las que operan. Por ejemplo, no podemos pensar que una Presidenta logre milagros por el mero hecho de ser mujer. No obstante sería muy útil como referencia para romper patrones y actuar como agente dinamizador de toda la sociedad. Que vive de modelos y ejemplos. La persistente falta de candidatas a las elecciones generales es algo desesperante.

Además de trabajar a nivel social e individual en el cambio de hábitos culturales y superación de estereotipos, gran parte de la solución pasa por eliminar la asimetría en el mundo del trabajo. Por ahí pasan muchas de las posibilidades de éxito del viaje de la heroína. La falta de políticas en apoyo a la familia, a la conciliación, limita esta evolución positiva. Allá donde existen políticas familiares (promovidas tanto por lo público como por las mismas empresas), el empleo femenino se convierte en una posibilidad sostenible también para el desafío demográfico. Y la experiencia laboral directa es fundamental para el desarrollo de una cultura más igualitaria en todos los otros ámbitos.

Afortunadamente, los modelos culturales de masas también están cambiando. Y no es una moda pasajera o una efímera reacción al año del #YoTambién. Incluso en las nuevas producciones de Disney, la mujer ha llevado a cabo un viaje de crecimiento. Se ha pasado de Blancanieves, una princesa eternamente a la espera de ser salvada por el príncipe azul, incapaz de tomar decisiones por sí misma, a Rapunzel, una mujer confiada, decidida y capaz de expresar sus pensamientos.

El liderazgo femenino destaca por el manejo de las emociones, que es exactamente la clave del liderazgo moderno. Es un estilo inclusivo, basado en la escucha activa, capaz de coordinar y valorar las contribuciones de todos los colaboradores. Es el más adecuado para la mejora y puesta en valor de los talentos y posee la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios cada vez más frecuentes y rápidos. El viaje de la heroína es el viaje decisivo para toda la sociedad. Si ganan ellas, ganamos todos.