Crear lo imposible, cómo gestionar los límites

A menudo, la única barrera que nos impide alcanzar nuestras metas somos nosotros mismos. De hecho, puede suceder que la mente, y las creencias tóxicas, se convierta en una prisión que limita nuestro potencial y nuestra perspectiva. Siempre que creemos que hay una sola forma de hacer las cosas, nos ponemos límites. Siempre que aceptamos ciegamente la tradición, nos cerramos a la novedad. Siempre que pensamos en términos de pérdida y fracaso, nos bloqueamos. Y lo peor de todo es que hacemos estas cosas día tras día, sin darnos cuenta.

También hay que decir que los límites no son necesariamente negativos. Recuerdo haber leído sobre un experimento realizado con dos grupos de niños, a los que, en un caso, se les pidió que jugaran libremente en un parque sin vallas y, en el otro, que lo hicieran en un área limitada. El resultado fue que los niños que podían correr por todas partes se mantuvieron mucho más cerca de sus padres y educadores porque temían tanta libertad, mientras que el grupo de los que tenían asignado un espacio delimitado exploraron cada centímetro de ello.

Los límites pueden representar una barrera para nuestra libertad, pero también es cierto que sin ellos corremos el riesgo de no hacer nada, precisamente porque podemos hacerlo todo. Cuando nos ponemos voluntariamente límites (de tiempo, espacio, presupuesto, etc.), tendemos a hacer un mejor uso de los recursos a nuestro alcance. Dicho esto, que sólo es cierto en lo que respecta a la gestión, los límites que ponemos a nuestra creatividad son siempre negativos.

Los límites que nos marcamos suelen derivar de un juicio o una creencia desarrollada durante nuestra formación, especialmente en la infancia y adolescencia. Todos nacemos con una genética que nos permite hacer mejor algunas actividades que otras; sin embargo, esto no significa que tengamos que renunciar a esas últimas. El entorno en el que nos movemos, nuestra familia, nuestros amigos y nuestra educación son factores que influencian el descubrimiento de nuestros talentos y las actividades que nos emocionan y nos empoderan, pero también contribuyen a crear en nosotros la idea de nuestros límites. Un ejemplo evidente es el impacto negativo de la falta de modelos femeninos de éxito en la sociedad.

Además, hay que considerar que, como seres humanos, tendemos a sentirnos cómodos en el lugar en el que nos encontramos, nos da miedo lo desconocido y preferimos no movernos. Por el contrario, el límite debe ser un recordatorio de lo lejos que hemos llegado, pero no dice nada sobre hasta dónde podemos llegar.

Estas son algunas de las creencias más dañinas que cultivamos inconscientemente:

  1. “Este no es el momento adecuado”

La procrastinación es un problema grave que puede hacernos perder oportunidades únicas. En realidad, detrás de la creencia de que no es el momento adecuado, muy a menudo se esconde falta de motivación o miedo. La vida siempre conlleva un cierto grado de incertidumbre y debemos estar dispuestos a asumir al menos un riesgo mínimo. Si encontramos una razón para luchar, también encontraremos los medios en el camino, pero hay que ponerse en marcha.

  1. “No soy un experto”

La sociedad de la especialización nos ha hecho creer que si no somos lo suficientemente buenos en algo, es mejor ni siquiera intentarlo. Sin embargo, este camino no deja espacio para el aprendizaje y el crecimiento. Lo cierto es que nadie nació enseñado, y los que hoy son expertos en algo, ayer no lo eran. Lo que los hace diferentes es el tiempo y el esfuerzo que dedicaron a esta pasión. El talento sin perseverancia se vuelve inútil y la mayoría de las personas carece de la disciplina para continuar lo que ha empezado. También debemos recordar que para disfrutar la mayoría de las cosas de la vida, no es necesario hacerlas a la perfección. El perfeccionismo no es más que otra barrera que nos impide avanzar.

  1. “Voy a fracasar”

Henry Ford dijo: “Tanto si crees que puedes, como si piensas que no puedes, de cualquier manera tienes razón”. El caso es que tu mente es tu mejor aliado o tu peor enemigo. Por supuesto, una dosis de negatividad (precaución) estratégica puede ser útil, ya que ayuda a prepararse para lo peor. Pero pensar de antemano que fracasarás implica adoptar una actitud derrotista que solo consumirá tu motivación y tu energía. No se trata tampoco de ser ciegamente optimistas, sino de recordar que la esperanza es nuestro motor más poderoso.

Una vez entendido de dónde vienen y cómo se manifiestan, intentemos ver ahora cómo podemos superar los límites autoimpuestos. Hay disciplinas como el coaching o la PNL (programación neurolingüística) cuya finalidad es precisamente ésta. El coach ejecutivo y neurolingüística Michael Neill considera que todas las personas son capaces de lograr mucho más de lo que se imaginan y que para superar nuestras limitaciones, debemos mantener una actitud abierta y de crecimiento. Con este fin, aporta las siguientes recomendaciones:

  • Busca conocimiento, no información: No trates de memorizar información y contenidos. Piensa en las enseñanzas que tus experiencias pueden dejarte.
  • Enfócate en los principios: Hay que entender las leyes que rigen los fenómenos del mundo, no las reglas individuales y temporales.

En la vida cotidiana, solo el 5% del tiempo operamos a través de la mente consciente y creativa, mientras que el 95% restante usamos programas y hábitos almacenados en la mente subconsciente. Y, según el biólogo celular Bruce Lipton, el 70% o más de los programas subconscientes son negativos, autosaboteantes y limitantes, ya que nacen de una actitud principalmente defensiva.

Nuevamente, puede ser útil observar el comportamiento de los niños que aún no han formado estos programas subconscientes. Ellos no se ponen limites a la hora de buscar lo que desean, no tienen miedo de experimentar, de pensar de manera diferente. Para recuperar esa creatividad y aprender, o re-aprender, a ir más allá de los propios límites, podemos tomar como ejemplo algunas actitudes infantiles:

  • Fomentar y alimentar la curiosidad: los niños tienen una curiosidad innata por todo lo que les rodea y gracias a esto su capacidad de aprendizaje es inmensa.
  • Superar el miedo a equivocarse: los niños no tienen miedo a fracasar, es algo que se aprende de forma inducida por los padres en la primera infancia.
  • Hacer las cosas con pasión: desarrollar lo que nos apasiona y poner ilusión en lo que hacemos mejora mucho los resultados que obtenemos.

Algunas personas poseen una idea de sí mismas que consideran inamovible. Al contrario, es importante tomar conciencia de lo que podemos cambiar en nuestra mente. El simple hecho de añadir la palabra ‘todavía’ en la frase ‘no puedo hacerlo’ es un pequeño cambio que genera un efecto muy positivo a nivel inconsciente, ya que abre la posibilidad de alcanzar nuevas metas.

De hecho, todo en la vida proviene de un pensamiento. Nadie puede hacer algo sin antes pensarlo. El pensamiento, por tanto, constituye el primer nivel de la creación. El siguiente nivel es la palabra. Es decir, cuando he pensado durante mucho tiempo en querer hacer algo, decirle a alguien lo que quiero hacer sirve para obtener confirmación y darle más sustancia al proyecto. El tercer nivel de creación es la acción, y si la acción está en armonía con el pensamiento y la palabra, permitirá alcanzar los resultados deseados.

Nuestro poder de creación es ilimitado, pero la confianza que tenemos en nosotros mismos no lo es. Nuestros límites distorsionan la autoestima y esto afecta los resultados que obtenemos. De hecho, actuamos en función de cómo nos concebimos, según una imagen que también se compone de la idea que los demás tienen de nosotros. O que pensamos que tienen de nosotros. Fortalecer nuestra autoconciencia y autoestima nos ayudará a ampliar el horizonte de los desafíos posibles.

Finalmente, las situaciones difíciles son precisamente el escenario más interesante de afrontar, ya que cada uno de nosotros, al fin y al cabo, es el resultado de lo aprendido en contextos complicados. Por tanto, en lugar de intentar vivir sin sufrimiento, debemos aprender a vivir el sufrimiento de una forma diferente, utilizándolo para crecer y crear nuevas posibilidades. Cuando la adversidad llama, recordemos las palabras de Sigmund Freud: “He sido un hombre afortunado, en la vida nada ha sido fácil para mí”.